IA: cómo transformar Francia
Francia no carece solamente de reformas. Ahora carece de nervios, de memoria y, más que nada, de velocidad.
En los tribunales, los magistrados se hunden bajo los expedientes. Los funcionarios judiciales carecen cruelmente de efectivos y ya no consiguen levantar la cabeza. Los expedientes se pierden, se olvidan, se atascan, mientras los ciudadanos esperan meses o años a que el Estado haga su trabajo más básico: decidir, juzgar, transmitir y ejecutar.
En la policía, los investigadores están desbordados por procedimientos, denuncias, avisos, cruces de datos, tareas repetitivas y programas arcaicos que los ralentizan tanto como supuestamente los ayudan. En los hospitales, los cuidadores pasan demasiado tiempo introduciendo, buscando, repitiendo y justificando, y no el suficiente curando. En la fiscalidad, las prefecturas, los servicios sociales y los ministerios, el mismo agotamiento está por todas partes: el Estado sigue produciendo texto, formularios, controles y colas, mientras disminuye su verdadera capacidad de acción.
Y es la sociedad civil quien paga la factura.
La inteligencia artificial puede convertirse en el sistema nervioso que le falta al Estado francés. No una IA de escaparate. No una vitrina digital. No una herramienta de comunicación para ministerios en busca de modernidad. Una IA soberana, segura, auditable, supervisada, jurídicamente enmarcada, capaz de absorber la avalancha de textos, detectar incoherencias, estructurar expedientes, preparar decisiones, acelerar controles, asistir a los agentes públicos y devolver velocidad, memoria y coherencia a la acción del Estado.
Mañana, un médico podrá confirmar un diagnóstico preparado por la IA. Un policía podrá supervisar una denuncia ya estructurada y registrada por un agente de IA, ya cruzada y jurídicamente calificada. Un magistrado podrá validar un proyecto de decisión preparado a partir del expediente, la jurisprudencia y los textos aplicables. Un agente fiscal podrá tratar una anomalía compleja en lugar de perder días en controles estándar. Un alcalde podrá obtener una síntesis inmediata de las reglas aplicables, subvenciones, restricciones y riesgos de un proyecto local.
La cuestión, por tanto, ya no es saber si la IA puede ayudar al Estado.
La cuestión es saber si el Estado francés —o más bien si un hombre, un político, un jefe, un verdadero dirigente— aceptará servirse de ella para enderezar la nación antes de que su propio atasco la condene.
Este libro debe entenderse como un manual de implementación para políticos y responsables de decisión, y como una obra informativa para el público, sobre lo que constituye la mayor revolución de la historia de la especie humana.